Jaime Sempere Roy fue el finalista en lengua castellana, con el relato APRENDER ES RECORDAR: Pasos rápidos y atropellados, niños gritando, la antesala llena de voces curiosas y alegres. Aquel día, como sucedía cada quincena, la Comunidad se daba cita ante las puertas del auditorio, más conocido como la Sala del Recuerdo. Los allí congregados estaban expectantes, en especial los más pequeños, que disfrutaban contemplando los tesoros que representaban los tiempos pasados. Pero, por ahora, solo quedaba aguardar a que el Hacedor, el maestro de ceremonias, permitiese el paso a los ciudadanos. Esta era una popular costumbre que se remontaba a ochenta generaciones atrás, cuando surgió la necesidad de aprender. Aquellos fueron años sombríos y de carestía, años en los que la esperanza parecía haber muerto, quizás sepultada y abrasada al igual que las ciudades y pueblos de la superficie. Era tal el sentimiento de añoranza y desesperación que el frío y la tristeza calaron más allá de los ...
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